Soy una larva

Mes: febrero, 2015

Una jornada particular

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Dice Amando de Miguel; “Pocas cosas tranquilizan más que hablar con los amigos ─también a veces con los desconocidos─ de las enfermedades propias. Da la impresión de que el intercambio de diagnósticos, síntomas morbosos, remedios, tratamientos y secuelas tuvieran un poder anestésico, tranquilizante. Aunque también sucede que tal exhibición de los males del cuerpo equivale a desnudarse y, por tanto, puede dar pudor. Razón de más para extraer la parte de placer que hay en todo ello.

Pocas cosas reafirman más que un trío de supervivientes de cáncer de mama hablando de tetas. En ese corro de la patata no hay pudor ninguno, el trío sabe que enseñarse las cicatrices es terapéutico y hacer chistes sobre las prótesis mamarias; yo tengo una de Sofía Loren y la otra de Afrodita 1 y que no te miren con una suerte de compasiva vergüenza ajena es un gozo inexplicable con efecto placebo.

El día de San Valentín quedo con las Ágatas en la La Masía del Roxy para darle homenaje al valor (valor, valiente, valentín que ripio más malo) y poner en común proyectos, ruegos y preguntas. Las Ágatas siempre arriman el hombro cuando se navega en el mar de dudas.

Sobre el mantel blanco y las copas de vino rojo como la sangre, buñuelos de bacalao y un desparrame de efectos secundarios a corto y largo plazo. Las Ágatas hacen un registro de ellos para una aplicación de móvil de apoyo para cuando estás de quimio de mama. Así las cosas, entre las nubes amnésicas y que te estaba yo diciendo? el revolutum que es pasar revista a las adversidades pasadas, presentes y futuras, esas cosas dan mucha risa. Al lado de la servilleta y los huevos rotos con jamón (un regocijo para el colesterol) afirmamos que lo que llamamos efectos secundarios y tardíos, se cronifican en una o varias mutaciones químicas y la acumulación de metales pesados nos marca de por vida. Son cosas de celebrar por todo lo alto.

Mesa con mesa, un matrimonio octogenario  celebra su San Valentín de toda la vida y da cuenta lentamente de un cava catalán, de toda la vida. La octogenaria, de moño muy plateado y escultórico,  nos mira de reojo primero, solo acercando la oreja adornada de una perla de toda la vida. Quizás, por efecto del cava, quizás por el octagenario silencio reinante en su mesa, cada vez que levanta la copa y la ceja, nos mira, más interesada en nuestra algarabía farmacológica.

Nosotras a lo nuestro, a entender la magnitud de la palabra secuela, aceptar los dolores visibles e invisibles y caminar por este filo de la navaja arrimando el hombro, tomando nota, poniendo piedrecitas en el camino para no perdernos por los pasillos de los hospitales.

Se sobrevive claro, la vida tiene un precio y no hay más cera que la que arde, como decía madre.

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Día internacional de la lucha contra el cáncer. Odisea espacial año 3

Aquí estoy flotando alrededor de mi nave
muy por encima de la luna
el planeta tierra es azul
y no hay nada que pueda hacer….

Space Odity, David Bowie

Escuchando cada año igual y cada año las mismas, muy parecidas y alarmantes estadísticas; “El cáncer es una de las enfermedades con mayor incidencia, prevalencia y mortalidad en nuestros días. En España es la segunda causa de muerte, la primera en el caso de los hombres, y las previsiones no son nada halagüeñas, ya que, según cálculos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en el año 2015 se diagnosticarán 220.000 nuevos pacientes -136.961 varones y 85.108 mujeres” y seguimos escuchando la palabra esperanza como centro del universo.

La esperanza, lo sabemos bien, es lo último que se pierde, por eso no me sufran, que no se va  de eso. En nuestro ADN sobrevivir está escrito en letras de oro, se resiste si o si a todo. No soy derrotista, se empuja, luego se vive.

Pero en estos días mundiales me siento en una galaxia muy muy lejana del pensamiento único, astronauta de mi misma, exploradora celeste.

Buscando el bienestar después de todo, en los hospitales y en los herbolarios, tanto montan para mí las virtudes del hipérico como los consejos del Dr No . La lucha tiene mil caras, cada cara una historia detrás. Algunas pareceremos flojas, débiles, pero ninguna, ninguno lo somos. La lucha la bate una/uno día a día con lo suyo. Quienes tenemos en nuestro curriculum la palabra cáncer al cubo nos alejamos de las estadísticas como del diablo.

No podía dejar de echarle un irrintzi al bicho, yo tampoco.

No me numeren. No quiero, no soy una estadística.