Soy una larva

Mes: marzo, 2014

Juntas son dinamita

pastilleo

En la sala de espera reina una calma brutal. Tan brutal es que puedo escuchar sin esfuerzo los pensamientos de los otros pacientes que hacen como que esperan sin importarles estar en la sala de espera de Oncología, juegan al Candy Crush, como si nada. Sin levantar la vista de lo suyo, sin dejar de pensar a todo volumen; ser o no ser, esa es la cuestión.

No hay nada elevado para el espíritu, por seguir el hilo del pánfilo Hamlet en los pasillos vacíos, en los controles vacíos, en el silencio de las deshoras de la consulta de la Doctora Quita y Pon.  Tal es el vacío, el silencio que solo faltan unas nubes de polvo y paja, rodando por ahí.

Cuando dicen mi nombre, resuenan mis pasos por los pasillos. Abro la puerta, la Doctora Quita y Pon y yo nos miramos como se mirarían los archienemigos de un spagetti western cualquiera con la mina de Rodalquilar al fondo.

Frente a frente, desenfundamos.

Me pregunta si tomo el tratamiento, le digo que no, que hace ya un año que lo dejé y que no tomo ningún tratamiento ni fármaco de procedencia clinicamente probada.

– Solo esas cosas naturales, dice.

Y yo, le contesto que si.
Me pregunta si tengo la regla y le digo que hace ya 6 meses que no, me dice que en los análisis pidió una lectura hormonal y cuando le pregunto que que tal…me dice;

– Pues que estás menopáusica!. Y suena a lo lejos un silbido a lo Ennio Morricone.
Como ya sabemos que ese era el fin del tratamiento que no tomo, parece que he conseguido de manera natural y alternativa lo que quería la ciencia clinicamente probada. Para mí que vamos bien, aunque ese tanto, no me lo marca.

– ¿Y mis marcadores tumorales? Le pregunto, porque sé que eso es lo que a la Doctora Quita y Pon le pone y le consta, como si habláramos de alguien que conocemos ambas, pero que no está de cuerpo presente.
– Más bajos que el año pasado, pero siguen altos para mi gusto. Pero te voy a dejar en paz hasta el año que viene.

Me levanto con la cita para el año que viene en la mano, nos miramos retadoras, que te vaya bien, lo mismo te digo…hasta el año que viene.

Y mira que lo que no cuenta para ella, porque no lo cuenta, ni lo dice, ni lo celebra, cuenta para mí. Desde que no tomo medicamentos clinicamente probados, mis marcadores han bajado mi cuerpo está en estado de menopausia natural, estado lo que buscaba la ciencia de una forma artificial.

Así que para mí, para mis adentros,  la partida la voy ganando yo, habiendo decidido ir de llanera solitaria.

De modo que cabalgo por los pasillos vacíos, compruebo que el ascensor sigue estropeado, como hace un mes y paso página.

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“Pelucas” sentido y sensibilidad

Es verdad que me miro mil veces al espejo pero… ¿En realidad?

¿Qué veo y a quien? ¿Cómo se ve una en el espejo?…. Y cómo me ven los demás, como quiero que me vean, que quiero parecer, a quien quiero engañar… Quien soy soy, al fin y al cabo, al fondo del fondo y quien es ésa que emerge cara a cara cuando me miro al espejo.

Pelucas es una pieza de ojos enormes,  de miradas. La mirada de Pelucas está llena de verdad, de sentido, de sensibilidad sin sensiblería, es lo que hay, risas y lágrimas. Es una pieza de un cuidado exquisito porque el que firma sabe, sabe mucho de espejos.  Pelucas es silencios, miradas, espejos…

Y bórrame si puedes la sonrisa de la cara.

Es largo y tortuoso el camino epistolar que ha unido mi destino al de Pelucas, el cortometraje de José Manuel Serrano Cueto.

Es duro y bello, bellísimo ver como  a pesar de los pesares, podemos convertir los limones en limonadas y yo, me siento muy honrada, por  estar, desde sus orígenes dentro de este espejo.