El año de la mariposa

conchas

Cada año que cumplo, yo pienso que renazco de nuevo. El año empieza entonces para mí, en lo más crudo del crudo invierno, es mi mes Woolf.  Este año nuevo, las olas, el mar  han entrado en la ciudad arrasándolo todo, devorando las calles, derribando los puentes, haciendo saltar las barandas y las cristaleras. Dicen los chinos que este es el año del caballo de madera, lo cual debe ser bueno para mí puesto que yo lo soy, aunque de fuego.

Esta mañana, ha llegado un paquete de mi Hermana número 3. Es una caja llena de las conchas que recoge al amanecer en su playa del sur y una hoja de papel de color amarillo escrita de su puño y letra,  una especie de mensaje en la botella, en este caso caja postal llena de conchas. Por muchas razones me viene de conchas, que no de perlas. Por eso la comparto, porque me dice mucho en estos días a vueltas con la metamorfosis, con el renacer, con ser una mariposa.

Los alumnos asintieron con gravedad, y el maestro empezó su última lección. Dijo que hablaría de los gusanos de seda, lo que provocó caras de extrañeza y empezó a describir, con las palabras y con los dedos, el proceso natural de esos bichos apasionantes.

De unos huevos muy pequeñitos, explicó, emergían unos gusanos negros y diminutos con un hambre enorme que devoraban hojas de morera. Ellos ya lo sabían, apuntó, porque en casi todas las casas de la huerta se criaban gusanos. También debían saber que, una vez crecidos, los animales se convertían en larvas y tejían un capullo a su alrededor –  y dibujó una espiral en el aire- . Aquel era el envoltorio que, hervido y deshecho en hilos, acababa dándonos una tela preciosa. Pero cuidado, indicó, porque de la crisálida salía una vida nueva, en forma de mariposa.”

“Inquisitio” Alfred Bosch

Y mientras escribo esto, C escucha a todo volumen “Working on a dream”.  Para qué más.

mariposas