La gran bouffe

por soylalarva

wonka´s

Tengo un hambre milenaria, antigua y voraz.  Por eso cocino, preparo verduras al vapor y cremas de calabaza,  postres dulcísimos que a veces me quedan muy mal y que devoro tal y como hayan quedado. Tengo un hambre voraz de todo, de dulces y salados, de donuts y de aceitunas, de aguacates que devoro como manzanas y de manzanas que aso en el horno hasta que revientan, de gazpacho y de huevos fritos. De pipas y de churros, de comerme una chuleta rezumando sangre con muchos pimientos de Guernika alrededor y alcachofas laminadas y pasadas por la plancha como chips. Una hamburguesa con quedo fundido y cebolla y mucha mostaza en grano y patatas untadísimas en mayonesa.

Durante el veneno, cocinaba sabiendo que no podría comer, por el placer de oler y de ver la comida, de cortarlo todo bien picadito. Ahora que vuelvo a levantarme a ciegas a comer por la noche,  me salto mi dieta de lácteos, me salto mis planes vegetarianos, me salto la alimentación sana y antioxidante, como cacahuetes y ganchitos y nachos chorreantes y hummus y ensalada de pepino con yogurt. Me como los restos del turrón que me envió Willy Wonka por Navidad con adorno y todo. Como karrakelas con ese sabor, el único que percibo a  profundidades del mar.  Se lo dije a  Crisefe, voy a pasar de la versión Ravensbrück a la versión Viva Las Vegas en un “no res“. Dicen que comer y rascar todo es empezar y así está mi caníbal y yo bajo su poderoso influjo, como y rasco, porque pica.

Y pienso; ánda que, podría pensar en el sexo con la misma intensidad, y morir de maratón sexual. Pensándolo bien, esa sería la mejor manera de morir.

en bandeja de plata

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