Soy una larva

Mes: febrero, 2013

La espuela

la espuela

Martes, 13 y toca la última.

Falda roja y  medias de rayas, para celebrar que no voy a volver al Txoko del Canceroso. Me siento pizpireta y dispuesta a todo. La mezcla de Lyrica y Fortecortín me pone eléctrica y el subidón me da la falsa felicidad de que voy a recibir por la vena, el elixir final. El entusiasmo es siempre una fuerza motriz, dice Cirlot y también un continúo autoengaño.

“Dame veneno que quiero morir, 

que antes prefiero la muerte que dormir contigo”.

Dejo listo el escenario de la caída; mis sábanas favoritas, mi pijama favorito, mis libros apilados, mi tintura de marijuana, mis bolitas homeopáticas y el aceite esencial de lavanda, cuadernos y cremas, todo lo que alivia y sana, sana, sana, ojos de ruana, eso me decía mi Hermana número 3 cuando yo era pequeña .

Cuando llego al Hospital de Día, la sala está llenita de zombies. Zombies que duermen, zombies que leen el Hola, zombies que hacen sodokus. La enfermera rubia de bote, intenta pincharme en la mano y aunque le digo que mejor  el brazo,  sigue diligente a lo suyo y… No! Y lo intenta un poco más arriba y… Tampoco! Mientras  yo veo con total claridad la Vía Láctea,  va a buscar ayuda y deja mis venas en manos de un enfermero con muchas horas de vuelo.

“Tú rompes mi corazón, eres el ácido de mis venas”

Abro “El Tejedor” de James Sallys y arropadita, empieza a correr el Docetaxel por 6ª y última vez.

A fin de cuentas, supongo, no era tan diferente de la forma en que todos creamos nuestras vida con retazos, un trozo de libro por aquí, el título o el texto de una canción por acá, esbozos de personas que hemos conocido, fragmentos de películas, imaginándonos Nosotros mismos y viniendo según esa imagen, luego pasando a otra, improvisando y avanzando día tras día a través de los años que llamamos vida

cabeza de venusCreo que me quedo ligeramente dormida y que despierto con un calor opresivo,   que me abanico con la mano libre y la enfermera rubia de bote me mira y me dice; “¿que te pasa?” y  yo le miro y ella apaga la máquina.  Hace mutis por el foro. Vuelve a escena con la doctora  V de primma ballerina y su cuerpo de baile.              Y danzan a mi alrededor para tomarme la tensión y la temperatura  y el pulso y para auscultarme y ponerme oxígeno y añadir bolsas de cortisona y de antiestamínicos y yo, preocupada de que no se mueva el turbante.

“Que descanse” dice la doctora V y salen de escena dejándome con todos los cables colgando, mirando  a la afición, que dispuestos alrededor de la sala y ataditos a sus máquinas y sus bolsitas, no se han perdido ni coma del espectáculo.

Tal vez me duermo o me despiertan y dicen que van a encender la máquina. Cuando la encienden, mi cuerpo vuelve a llenarse de fuego y vuelven a parar            y   a añadir bolsas, y a encender la máquina y a apagar la máquina.

Nos quedamos solos, el enfermero con muchas horas de vuelo, haciendo horas extras de gratix, yo y la señora de la limpieza tóxica. Un joven oncólogo de guardia; flequillo al biés cubriéndole los ojos y el pantalón cagau, se sienta a mi lado y me dice muy de tú a tú; “a ver, no será que lo que tienes son los sofocos de la menopausia?” y yo, noqueada en mi sillón, con mi brazo yonqui taladrado de agujas y llena de droga, le lanzo una mirada gélida como la de la Reina de las Nieves y le digo suavemente, desde las profundidades abisales del océano; “yo no tengo la menopausia, no menstruo desde que ponéis este veneno.”

Y me hubiera gustado añadir; “para hablar conmigo, súbete los pantalones”  y darle un biberón de cicuta.                  Y me hubiera gustado fulminarlo con un rayo gamma que se me ha quedado incrustado en el lagrimal.                    Así las cosas, el joven oncólogo con flequillo al biés y pantalón cagau  enciende la máquina.

Y cuando llevamos ya 6 horas dándole vuelta y vuelta al sofocón y apaga la máquina y enciende la máquina, el enfermero, apiadándose de mis restos humanos llama de nuevo y aparece la doctora A,  mi rubia y dulce oncóloga, aquella joven doctora de melena ondulada que me dictó la sentencia, cuando las hojas ni habían caído de los árboles. Me mira y, con una ternura que le agradezco con lo que me queda de corazón, dice; “Apaga la máquina”.

Napalm 5 Grettel 1

sirena 1

Y me  sueltan la bridas y salgo de allí como alma que lleva el diablo y drogada hasta última  escama.

Y me sumerjo en la bañera de agua hirviente con sal del Mar Muerto.

Y me arrojo a la cama con mi pijama azul oliendo a lavanda.

Duermo 48h.

Y me levanto siendo todavía una mujer de 46, con la estructura física de una niña de 14 y los achaques de una anciana de 80.

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El bolso de Grettel K

el bolso de grettel K 3

Vladimir Nabokov pedía a los alumnos de su  Curso de literatura rusa que describieran el contenido del bolso de Ana Karenina antes de tirarse a las vías del tren.

Dice Anna Caballé que el bolso de una mujer (tanto monta Ana K como Grettel K) es un parapeto ante la mirada ajena y un emisor de señales, que representa la materialización de lo íntimo.

En su último bolso de viaje, de color rojo, Ana Karenina puso los objetos indispensables. 

Ante mi sexta quimio (dicen que la última, pero de esta gente no se puede una fiar) yo me siento como Karenina, a punto de tirarme al tren.

El inventario de mi bolso tapiz de color naranja es mi equipo de supervivencia. Y éstos son mis objetos indispensables;

Una Moleskine roja con jeroglíficos indescifrables.

Un paquete de klennex con la tapa rota por lo que me pueda pasar…

Un paquete de chicles de fresa ácida V5 para aromatizarle el aliento a la dragona.

Un estuche de plástico transparente con lápices de colores Faber Castell escogidos cuidadosamente  y un  bolígrafo de tinta negra de calamar.

Un cuaderno de mandalas de bolsillo que llevo por la mitad.

Unos auriculares para aislarme del mundo exterior; esto es, el Hospital de día, las danzarinas de la toxicidad, la legión zombie y sus acompañantes más zombies que los zombies en sí mismos.

Un estuche de charol de color naranja y dentro; un bálsamo para los labios, un paquete de toallitas jabonosoas, una muestra de Heliotropo que es mi perfume favorito, un tubo de crema hidratante,  mi Transilium 10, un cepillo, aceite esencial de lavanda, mi dosis de Lyrica letal y un inevitable e inútil carmín.

Gafas de sol de mosca por si el sol aparece y va y me deslumbra.

Gafas  para leer por si me desenfoco más de la cuenta.

Guantes de color verde por si nieva y va y me congelo.

Indispensable móvil para escuchar canciones que curan, para mantenerme cuerda y querida vía sms, para escuchar las noticias y tener la certeza de que el mundo sigue vivo, mientras ocurre esto.

Este es el contenido del bolso de Grettel K antes de tirarse por última vez a las vías del tren de la quimioterapia.

Malos tiempos para la Lyrica

La eritrodisestesia palmo-plantar, llamada también síndrome de pies y manos o síndrome pie-mano, es un efecto secundario, que puede suceder con diversos tipos de quimioterapia o fármacos de tratamiento biológico utilizados para tratar el cáncer. Después de la administración de la quimioterapia, pequeñas cantidades del fármaco traspasan los vasos sanguíneos pequeños llamados capilares en la palma de la mano y la planta del pie. La exposición de las manos y los pies al calor, así como la fricción en las palmas y plantas, aumentan la cantidad del fármaco en los capilares y la cantidad del fármaco que “escapa” por los capilares. Este escape del fármaco provoca enrojecimiento, sensibilidad y posiblemente descamación de las palmas y plantas. El enrojecimiento, también conocido como eritema palmo-plantar , tiene la apariencia de una quemadura de sol. Las áreas afectadas pueden secarse y descamarse, y se puede desarrollar entumecimiento u hormigueo. El síndrome palmo-plantar puede ser incómodo y afectar su capacidad para realizar actividades normales.

Así las cosas, añado a la retahíla de mis males los pies y las manos. La doctora A, la oncóloga que lleva mi historia médica  añade a mi dieta “Lyrica”, como se lo sabe de memoria ni me los mira, cosa que le agradezco porque me cuesta mucho quitarme y ponerme lo que sea. Me dice que ésta Lyryca  va directamente al sistema nervioso central, que ésta “Lyrica” no va a curar mi eritema, sólo, tal vez, quien sabe, aliviarlo. Esto no se cura, se pasa. Y de paso me hace el pase para mi última ración de quimioterapia, la espuela, que no se diga, la cosa es no dejar de bailar.

Los prospectos de medicamentos rebosan el cajón farmacia de mi cuarto de baño desordenadamente. Son tan largos como una novela de Tolstoi, solo que más inquietantes.

” Lyrica puede causar visión borrosa, pérdida de visión, muchos de ellos transitorios. Si experimenta cualquier alteración de la visión, debe informar inmediatamente a su médico.

LYRICA se ha asociado con mareos y somnolencia, lo que podría aumentar los casos de lesiones accidentales (caídas). Por lo tanto, usted debe tener precaución hasta que se familiarice con los efectos que puede tener el medicamento.
LYRICA puede causar visión borrosa, pérdida de visión u otros cambios en la vista, muchos de ellos transitorios. Si experimenta cualquier alteración en su visión, debe informar inmediatamente a su médico.

Se han notificado casos de convulsiones durante el tratamiento con LYRICA o al poco tiempo después de interrumpir el tratamiento. Si usted presenta convulsiones, contacte con su médico.

Un pequeño número de personas han tenido pensamientos de hacerse daño o suicidarse. Si en cualquier momento usted presenta estos pensamientos, contacte con su médico lo antes posible.”

Ah! bueno…si me hago daño o quiero hacérmelo, voy y les aviso.  Voy entendiendo bien por qué algunos médicos dicen que es mejor no leer prospectos…pero entonces por qué los incluyen en las cajas?

La “Lyrica”  me induce a un viaje flotante, denso, con una nebulosa llenita de estrellitas como cuando en los dibujos animados te dan una ostia y te estrellan plaff contra la pared.

Estrellitas que flotan y revolotean como insectos fluorescentes, voy a tientas, ciega. El suelo se mueve.

Al día siguiente me despierto con el brazo linfático muy hinchado, el doble que el otro, mi brazo yonqui y de vuelta al hospital, paso más tiempo en sus camillas que mi cama.

Corren malos tiempos para cualquier lírica con i latina o griega, lo mismo da.

Día Internacional del Cáncer

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Leo en la web de AECC “El cáncer es una de las principales causas de muerte en España. Uno de cada tres varones y una de cada cuatro mujeres serán diagnosticados de cáncer a lo largo de su vida. Aproximadamente el 40% de los cánceres se pueden prevenir”. Lo que no dicen aproximadamente es cuantos van a palmar, a causa de la toxicidad o de la enfermedad o ambas. Ya que tienen estadísticas para todo, me faltan datos. Leo y me congratulo viva, que tengo derechos,  escojo dos pero no crean que los elijo al azar:

DERECHO DEL PACIENTE DE CÁNCER A LA CALIDAD DE VIDA, A LA INTEGRIDAD FÍSICA Y PSÍQUICA Y AL RESPETO A SUS VALORES Y CREENCIAS.

DERECHO DEL PACIENTE DE CÁNCER A PARTICIPAR EN LA TOMA DE DECISIONES SOBRE CUALQUIER ACTO RELATIVO A SU ENFERMEDAD.

Como hoy es el día D ( hay un día para cada cosa) escucho en la radio testimonios de investigadores, testimonios de médicos, testimonios de enfermos y enfermas. Todos a una Fuenteovejuna con el discurso positivo, el renegar se va a acabar Grettel, hay que cambiar el chip.

Lo decía Bowie;

podemos ser héroes, sólo por un día

No escucho en la radio, ni leo en los periódicos, ni en las redes sociales, ni en los prospectos que me dieron cuando me anunciaron el tratamiento y que facilitaban sin embargo varias direcciones de centros de estética,  la posibilidad de ayudar al cuerpo y al espíritu con medicina natural, bálsamos y hierbas, fundamentos homeopáticos, vitaminas y dietas depurativas para que el tóxico ya que es inevitable no sea tan nocivo. Ya que lo tenemos que pasar, que sea sin tanto sufrir.

Así las cosas, el paciente  se ve abocado a buscar a tientas un bienestar que complemente y neutralice los efectos secundarios. Alabado sea Internet y su exceso de información.

Las mayoría de los especialistas a los he escuchado durante estos últimos tiempos, las más de las veces han levantado la ceja con condescendencia cuando les he hablado de mi querencia por lo natural. No saben que si la medicina tradicional y la alternativa fueran de la mano, el paciente saldría más airoso, más fuerte, más confiado. No saben que con el paciente escuchado, comprendido, informado, responsable y consciente de los defectos y efectos de su enfermedad (según nos convenga mortal o crónica) la lucha será más exitosa. No todo va a ser ciencia ficción. ¿ Saben que la medicina tradicional es precisamente ésa que ellos llaman alternativa?

Yo creo firmemente en la necesidad de unir esfuerzos entre la medicina tradicional y la medicina que llaman alternativa. Tal vez la única vía para no enloquecer de tanto tóxico, tanta lista de espera y tanta ignominia en una enfermedad que a veces no es mortal, pero que según dicen las estadísticas es la primera causa de muerte en nuestro país y que hoy celebra su día D.

Enhorabuena a los premiados.