La otra señora Smith

por soylalarva

la otra señora smtih

El día que se me apareció la otra señora Smith en el Hospital de Día, estaba yo por la cuarta kimio, camino del abismo, la atomización completa y la mutación zombie. Era mediodía, cuando ya está la sala llena y entra toda rampante, de minifalda y taconazo, ole tus ovarios, mujer tenías que ser. Es una mujer de mediana edad, o sea que la mía, que se sienta a mi lado, y pienso pues mira qué bien. No lleva acompañante, lo que es un alivio por el poco espacio que queda y porque el runrún de las conversaciones ajenas es de vergüenza ajena o una filílipica ininteligible. Todos los enfermeros la conocen, así que es una veterana deduzco, ya tiene pelo y no está en los putos huesos. Como dice el trending topic de los tópicos del cáncer; “nadie lo diría, está estupenda”

Y me suelta la hebra y yo la cojo al vuelo y de pronto nos contamos la historia clínica.

Y resulta que llevamos la misma carrera, mamas multiquísticas, mamografías que no dan positivo, punciones en los globos no correspondientes, visita a la consulta privada de del Dr R y de allí a la Unidad de Mama del Hospital vuelta al diagnóstico negativo, con su correspondiente eso no es nada y al final, sin teta, sin ganglios, kimio, radio y tratamiento hormonal, ya dije antes que éramos legión y en efecto, lo somos. Nuestros cócteles son distintos, aunque sus efectos son igual de extravagantes, pero no los mismos. Así que intercambiamos los cromos.

La otra señora Smith corre sola la carrera de fondo, porque es muy difícil de compartir esto con nadie, porque la gente hace ruido, porque las amigas alborotan, porque las parejas no pueden con la desintegración y la laxitud y la tremenda fatiga. La otra señora Smith me habla de M la psicóloga de la Unidad de Mama, me dice “vete a verla, que así te desahogas”

Me imagino abriendo la boca y vomitando un líquido verde lleno de sapos y culebras cayendo en cascada sobre sus notas y chorreando bilis por el sofá.

No se me ocurre nada mejor que hacer.

Cuando te están volviendo loca, lo mejor es acudir al especialista.

No es fácil seguir el paso, no es fácil, seguir corriendo sin parar. Y eso ah, se siente. Y cansa mucho, porque las que corremos no podemos fingir un empuje que no tenemos, fajando todo el tiempo y necesitamos todo el aliento para seguir vivas y llegar triunfantes a una meta que no se atisba por ningún lado.

Hablar con la otra señora Smith es mirarse en un espejo, lamerse las heridas y llamarle a las cosas por su nombre, alucinar con este destino delirante, conocerse los detalles del deshonor. Nos encontramos en el parking del hospital, donde fumamos, como dos chicas malas antes de entrar al instituto, a la fábrica, a la cola del paro, al hospital.

La otra señora Smith vivía con su novio, pero ha vuelto a su casa de soltera,  un día iban de paseo por el espigón y sentada de espaldas a las olas le dijo; me siento deshauciada en este momento y ya no sé cómo seré cuando resurja de mis cenizas, me siento lamentable en la piel que habito. Quiero estar sola hasta que haya pasado todo. Y él no tuvo palabras que responder,  a ver quién es el bonito que dice algo, así que se convirtió en estatua de sal.

Y yo le digo; oye, tú odias a la gente? sientes envidia?

Sí yo también, pero solo desde la kimio, y tú?

Pues yo lo mismo. Y dos huevos duros!

Apuramos cigarrillos y luego cada cual se va a su maquinita y sus bolsitas.

Ni yo ni la otra señora Smith sabemos que meses después, después de algunos “paseos cancerígenos”, iremos juntas en busca del dr Ozono y que por el camino fuimos haciéndonos algo más que hermanas de tóxico. Estableciendo una red de cuidados alternos, remedios,  recetas y amistad incondicional.

Irredentas somos.

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