Soy una larva

Mes: diciembre, 2012

Mi Top Ten de la canción del dolor

Por estas fechas se publican las listas los libros que más  han vendido, que no leído, las canciones que más se han oído, las películas que más se han visto, una vez más, estadísticas.

Hay una para cosa. Yo también he echo las mías.

En este año de infierno podría hacer una lista de tópicos que me han acompañado en la travesía; que si yo te veo estupenda, que si vaya tipin que se te está quedando, que  si vaya cambio de loock, que si esto no es nada, que si a mi mujer mi prima mi hermana también le pasó y está genial, que esto es lo que hay y pa lante. Ninguna tienen la brillantez de las canciones, las canciones no te dan su opinión ni falta que te hace, se acomodan a tu ser,  las canciones te explican, cuentan por tí lo que te pasa por dentro, porque esto, las más de las veces, no hay forma de explicarlo con palabras.

Las canciones te salvan la vida.

Canciones que me ayudan a llorar, a rabiar, a dormir, a leer, a pasar las cuentas de los collares, a penar las penas de los efectos subversivos del diablo rojo, a escribir, que me ponen las pilas ¿que pilas? o me empujan a una tristeza trascendental.

Canciones que escucho como si me aplicara una cataplasma.

Escucho a Billie Holyday en la bañera, siempre me dice que me pase al otro lado, al sunny side of the street, donde las cosas van siempre bien y que más quisiera le digo y canto, en la bañera nunca desafino.

Madre decía que quien canta los males espanta.

Para espantar los males abuso mucho de cantantes trágicas; Etta James  prefería quedarse ciega a ver la realidad o Marianne Faithfull a quien los problemas le salían del fondo de ella misma y nunca había estado tan al fondo del túnel. Cuando subo al hospital a recibir mi veneno personalizado me paso a la rabia y elijo grupo de cabecera Girl in a coma es ideal para este momentazo de acid queen.

Hay canciones que según quien las cante te llevan de un lado al otro del alambre, si es Chet Baker quien canta “Blue Room” se me caen lagrimones de niña sin zapatos nuevos y si la canta Ella Fitzgerald me pongo al fin los zapatos de tacón.

Cuando camino por el espigón, helada y abrigada como si me fuera de expedición al Polo pongo a todo volumen a Joy Division; “Cuando la rutina aprieta y las ambiciones están por los suelos,  el resentimiento cabalga fuerte y las emociones no crecen. Nuestros caminos cambian, tomando carreteras diferentes.

Mi ciuda tiene algo de Manchester; que en invierno es gris como una losa, que frente al mar nunca falla Morrissey.

En lo más alto de mi top ten del dolor están también las recomendaciones del príncipe republicano como le llama a mi criatura, mi maestra Antonina. Cada día escucho un par de veces por prescripción filial.

“Soy una estrella fugaz atravesando el cielo, como un tigre desafiando las leyes de la gravedad.

Voy a ir, no hay forma de detenerme Estoy atravesando el cielo casi a 200 grados, por eso me llaman Sr. Farenheit

Estoy viajando a la velocidad de la luz. Quiero hacer de ti un hombre supersónico”

El año pasado, este que se acaba ya , que se acabe de una vez, viendo Cabaret con mis hombres, vestida de seda y esmeraldas, liviana como un espíritu que atraviesa las paredes, rara como un insecto recién llegado del espacio, por ejemplo de Urano.

Así que no está mal que esta noche, la última de este año maldito, escuche de nuevo a Sally Bowles, agitando el flequillo  sin despeinarse, echando haces de luz de las manos, cantando a la vida. La vida es un cabaret, vieja amiga, Grettel de mis entretelas, vamos al cabaret, a mover el esqueleto y a seguir en pie de guerra.

La otra señora Smith

la otra señora smtih

El día que se me apareció la otra señora Smith en el Hospital de Día, estaba yo por la cuarta kimio, camino del abismo, la atomización completa y la mutación zombie. Era mediodía, cuando ya está la sala llena y entra toda rampante, de minifalda y taconazo, ole tus ovarios, mujer tenías que ser. Es una mujer de mediana edad, o sea que la mía, que se sienta a mi lado, y pienso pues mira qué bien. No lleva acompañante, lo que es un alivio por el poco espacio que queda y porque el runrún de las conversaciones ajenas es de vergüenza ajena o una filílipica ininteligible. Todos los enfermeros la conocen, así que es una veterana deduzco, ya tiene pelo y no está en los putos huesos. Como dice el trending topic de los tópicos del cáncer; “nadie lo diría, está estupenda”

Y me suelta la hebra y yo la cojo al vuelo y de pronto nos contamos la historia clínica.

Y resulta que llevamos la misma carrera, mamas multiquísticas, mamografías que no dan positivo, punciones en los globos no correspondientes, visita a la consulta privada de del Dr R y de allí a la Unidad de Mama del Hospital vuelta al diagnóstico negativo, con su correspondiente eso no es nada y al final, sin teta, sin ganglios, kimio, radio y tratamiento hormonal, ya dije antes que éramos legión y en efecto, lo somos. Nuestros cócteles son distintos, aunque sus efectos son igual de extravagantes, pero no los mismos. Así que intercambiamos los cromos.

La otra señora Smith corre sola la carrera de fondo, porque es muy difícil de compartir esto con nadie, porque la gente hace ruido, porque las amigas alborotan, porque las parejas no pueden con la desintegración y la laxitud y la tremenda fatiga. La otra señora Smith me habla de M la psicóloga de la Unidad de Mama, me dice “vete a verla, que así te desahogas”

Me imagino abriendo la boca y vomitando un líquido verde lleno de sapos y culebras cayendo en cascada sobre sus notas y chorreando bilis por el sofá.

No se me ocurre nada mejor que hacer.

Cuando te están volviendo loca, lo mejor es acudir al especialista.

No es fácil seguir el paso, no es fácil, seguir corriendo sin parar. Y eso ah, se siente. Y cansa mucho, porque las que corremos no podemos fingir un empuje que no tenemos, fajando todo el tiempo y necesitamos todo el aliento para seguir vivas y llegar triunfantes a una meta que no se atisba por ningún lado.

Hablar con la otra señora Smith es mirarse en un espejo, lamerse las heridas y llamarle a las cosas por su nombre, alucinar con este destino delirante, conocerse los detalles del deshonor. Nos encontramos en el parking del hospital, donde fumamos, como dos chicas malas antes de entrar al instituto, a la fábrica, a la cola del paro, al hospital.

La otra señora Smith vivía con su novio, pero ha vuelto a su casa de soltera,  un día iban de paseo por el espigón y sentada de espaldas a las olas le dijo; me siento deshauciada en este momento y ya no sé cómo seré cuando resurja de mis cenizas, me siento lamentable en la piel que habito. Quiero estar sola hasta que haya pasado todo. Y él no tuvo palabras que responder,  a ver quién es el bonito que dice algo, así que se convirtió en estatua de sal.

Y yo le digo; oye, tú odias a la gente? sientes envidia?

Sí yo también, pero solo desde la kimio, y tú?

Pues yo lo mismo. Y dos huevos duros!

Apuramos cigarrillos y luego cada cual se va a su maquinita y sus bolsitas.

Ni yo ni la otra señora Smith sabemos que meses después, después de algunos “paseos cancerígenos”, iremos juntas en busca del dr Ozono y que por el camino fuimos haciéndonos algo más que hermanas de tóxico. Estableciendo una red de cuidados alternos, remedios,  recetas y amistad incondicional.

Irredentas somos.