Desde mi bañera

por soylalarva

Todas las tardes lleno la bañera de agua hirviente y pongo dos kilos de sal marina.

Enciendo velas, añado al agua tres gotas de aceite esencial de lavanda. Me preparo un vaso grande de agua con limón y unas gotas de tintura de maria, elijo una canción o pongo la radio y escribo un msm: voy al agua.

Me despojo de los velos que esconden mi cuerpo y evitando el espejo me sumerjo y floto.

Floto y cierro los ojos, cierro los ojos y dormito, abro los ojos y me pierdo por los calados de la cortina, un mandala que no me acabo nunca. Mécete, Grettel, venga bonita, no te agobies, que salimos de ésta. Cierro los ojos y floto de lado en posición fetal. Escucho bajo el agua el funcionamiento de la lavadora del 5º derecha y la conversación de la vecina francesa del 2º izquierda. Con la oreja de fuera del agua sigo la triste canción azul de Chet Baker.

Escucho el ascensor que se para en mi piso y me viene el pánico; que no venga nadie, que no llame nadie, que no llegue el momento de salir del agua. Quiero quedarme flotando, viendo el vapor evaporándose, escuchando los rugidos íntimos del edificio, los cuchicheos del patio de vecinos. Desde mi bañera, quieta, ingrávida, donde nada me duele, donde no tengo que hablar, ni tengo que hacerme la valiente, donde no tengo que inventarme un plan de futuro para cuando hayamos vencido al bicho, sin tener que poner al mal tiempo buena cara, sin tener que buscar palabras que expliquen lo inexplicable.

Floto como Ofelia, como Virginia, como la Alicia de Octavio Paz en Central Park. Floto en mi bañera, como un gusano sideral, como una robota programada para el placer de un planeta muy lejano, floto en fluido amniótico. Quiero dormir años luz y despertar a una nueva vida.

Soy una larva

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