Soy una larva

Mes: julio, 2012

Mal de muchas

Como en estéreo escucho lo de “a no sé quien también le pasó” “mi mujer también tuvo un cáncer” “mi madre también tuvo cáncer”, una plaga oye. Pero la mayoría confunde cáncer con tumor, porque no es cáncer si el tumor no es maligno, si no estás coronada con la tiara de la quimoterapia y llevas la banda de la radioterapia con su leyenda escrita en letras de oro. Y lo oyes, porque no lo escuchas, perdiendo los papeles, porque digo yo, furiosa, renegrida por dentro,  rugiendo lava como una dragona ¡a mí que me importa!

¿Qué pasa, que me va a alimentar la compañía del prestigioso club? ¿Me va a consolar pertenecer a él? Va a hacer que me sienta mejor, que tenga hambre, que me salga la melena de nuevo? Me va a llenar de energía y aliento para poder con todo esto que  va a durar hasta el infinito y más allá?

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Digo yo que este dudoso club de

las cancerosas con las tetas amputadas

y los lacitos rosas

es una plaga, el mal de muchas

y el desconsuelo de todas

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Anda… que se oxigenen. Digo yo que este dudoso club de las cancerosas con las tetas amputadas y los lacitos rosas es una plaga, el mal de muchas y el desconsuelo de todas y así claro, no tiene mérito, vamos que siendo tantas, como que da menos lástima y preocupa lo justo. Porque a ver, quien no ha tenido un cáncer de mama, que levante el dedo, un cáncer de esos que te amputan medio cuerpo y luego te fríes en vida durante los siguientes 9 meses con posibilidad de ampliarlo a lo que te quede de vida. Si total, ya me lo dijo C en octubre cuando los malos presagios, que él había leído que el 85% de la población femenina tiene en algún episodio de su vida cáncer de mama, no soy más que una estadística. Cuando eres tú, y no la vecina, la que está abierta en canal, nada te importa más que lo tuyo y la estadística como que no alimenta. Eso sí, lo mejor que puedes hacer es cubrirte la cabeza, para que no se asusten, no se ofendan de ver que eres un mondo y lirondo coco liso, y que sea demasiado evidente que eres una de ellas, así que querida; ponte la peluca ya.

La soledad del corredor de fondo

“Correr siempre ha sido muy importante en nuestra familia, sobre todo para escapar de la policía.

Es difícil de entender.

Todo lo que sé es que hay que correr.

Correr sin saber por qué a través de bosques y campos y correr sin una meta aunque la gente te esté vitoreando.

Esa es la soledad que siente el corredor de fondo.”

Alan Sillitoe

Arder en el infierno

Me despierto envuelta en llamas, empapada en miedo, ciega, sorda, muda y asustada. “Esto es arder en el infierno Grettel, mon amour” me digo.

La doctora A dijo se te caerá todo el pelo entre la primera y la segunda sesión. Y justo antes de la segunda cae, en efecto, algo saben.

Cuando dicen que se cae, una, en su infinita inocencia, se ve de un día para otro con la cabeza limpia y suave como la espalda de un bebé. No se puede imaginar el proceso, de sorpresa, asco, vergüenza y tristeza.

Me miro desnuda, al completo, sin nada que me cubra.

Nada más que el cuerpo blanco  lleno de lunares.

Se me queda el pelo en la mano, seco y muerto como el de una muñeca desahuciada. Lo que queda pegado al cráneo, mínimo,  la misma esencia de una, es de un color extraño, casi blanco, casi naranja, como la pelusa de un pollito asustado.

Solo me falta el traje a rayas, la estrella y el número ya los tengo;  482672. Ahora sí, lo he conseguido, Herr Doktor, ahora estoy en ese campo de exterminio del que me decías tenía que salir, el cáncer es mi campo de exterminio.

Mi pelo blanco queda en el suelo, en la bañera, en la almohada,  en montones desperdigados, desparramados. Y yo agito la melena y lo dejo caer desde el balcón bañado por el sol, caen, y entristecida les digo adiós, como si fueran mis cenizas.

Napalm 1 Grettel 0

 Me miro al espejo y veo unos ojos desmesurados, asustada siento vértigo, las hordas arrasadoras me suben como ácido sulfúrico por la garganta. Olas de fuego estallan y me devoran con sus lenguas ardientes. Leo el prospecto de los medicamentos que he de tomar y no soy capaz de leer ni de entender lo que pone, las manos tiemblan y un dolor de cabeza que estalla en mil rayos y centellas convierte mi pelo en estopa.

El abrasamiento por NAPALM me pone cara de espanto, el viaje hacia la negra noche ha empezado y asistir a él, como a un national geographic íntimo me hace regurgitar de rabia. No consigo encajar que este horror me cure, pero te quedan 5 envites para entenderlo Grettel querida.

En el momento de abrir el marcador, vamos mal; Napalm 1 Grettel 0.

Sentada frente a un espejo de cuerpo entero de un centro de estética especializado, elijo nuevo look, mi pelo, mis cejas, mis pestañas. Mis pelos del coño tienen los días contados. Así es la cosa, me miro en el espejo de mi discreta cabina individual y veo la caja de klennes que hay en la mesita junto al espejo y las pelucas de pelo natural o sintético, cortas, largas, de rizos pelirrojos en sus cabezas y me parto. Es que me parto. De momento me parto y la niebla interna se hace cada vez más densa y me parece que a veces pierdo pie, pero digo, que no, que si pudieron otras, yo también puedo.

Y recuerdo que Neus Catalá me dijo de cuando llegó a Ravensbrück; “Eran muertas que te miraban con ojos, no tenían más que ojos en la cara” y en eso me estoy convirtiendo mientras me observo en el espejo, en una muerta viva que solo tiene ojos en la cara.