Trance

por soylalarva

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Al despertar del sueño denso, empiezo sin comerlo ni beberlo una vida nueva. Desde la cama, sin apenas abrir los ojos, entre los vapores de la morfina, veo por el rabillo del ojo cómo el médico, que en quirófano me ha parecido un pez ágil que fluye nadando en su elemento, habla en voz baja con mi hermana número2. El doctor R ahora fuera de su líquido elemento parece cansado, ha perdido la partida, seguro que no es la primera vez ni es una sorpresa para él. Cambio de planes en el discurso que ha mantenido resolutivo, durante meses, a pesar de mis miradas escépticas desde el principio de los tiempos, desde la primera vez que me senté frente a él, cuando todavía no me miraba a los ojos.

Despierto, pues, a una vida de sensaciones raras, que no sabe una dónde colocar. Una vida en la que hay que recomponer todas las energías que junto con mis entrañas han quedado sobre la mesa del quirófano, expuestas como las pobres putas evisceradas en manos de Jack el Destripador, pero por lo legal.

Este trance, pastoso, lleno de niebla, es un mundo con otro idioma y otro tono. Un mundo en el que hay que aprender a caminar. No hay ensayo general, te lanzan a la vorágine de la enfermedad como le lanzan a una a la vida. No te tapan con mantitas de perlé, ni te cambian el pañal, así que sécate las lágrimas y pisa fuerte, que total no es nada, lo de tantas y cada vez más, somos legión. Este mundo nuevo, de miradas consternadas, es una galaxia personal y en una está, solo dentro de una, toda la mística, la épica y la decisión de la lucha.

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