Jade y otras piedras

por soylalarva

larva camino

Un barrio en medio de la autopista, entre el bosque y la fábrica de cementos. Los caminos que sigo en mi penosa búsqueda de algo parecido al bienestar empiezan a coger rumbos esotéricos.

Perdida moralmente la partida con la ciencia, opto por la ciencia oculta.

La bruja vietnamita tiene las cejas  puntiagudas como una loba,  manos grandes y uñas largas, poderosas. Pasea a mi alrededor mientras estoy tumbada a su merced, tapadita con dos mantas porque sabe que tengo frío, pone sus manos sobre mi cuerpo, sin tocarme, sus manos como zarpas dan un calor bestial. Me husmea como un animal salvaje.

La bruja vietnamita me pone un cuarzo entre las cejas, un ojo de gato en la mano derecha, una amatista en la mano izquierda y un rubí en el pubis. Me tapa con otra manta y me deja en penumbra y yo cierro los ojos y creo que me quedo dormida y  veo, porque entro en la visión sin tener conciencia de quedarme dormida, un bosque helado, cubierto de nieve, árboles desnudos, rígidos de frío, elevándose al cielo en un plano general.

Yo estoy dentro de ese bosque de Pasternak, yo soy Siberia.

Acepto la magia, la otra realidad, la cuarta dimensión.

La bruja vietnamita dice que la esmeralda ayuda a la regeneración celular, el rubí oxigena la sangre y que la turquesa es la curandera maestra ayudando al cuerpo a eliminar sustancias tóxicas,  que sobre el corazón equilibra emociones. Que el jade se lleva o se coloca en el tercer ojo para recibir sabiduría. Que la sabiduría no significa conocimiento. Que el jade fortalece las facultades mentales y ayuda a razonar. Que  la amatista ayuda a dormir. Que yo no he dormido bien ni cuando era bebé. Que limpie mis piedras cuando la luna esté llena y vaya a menguante, durante 3 días y 3 noches, en un cuenco con sal, en el balcón, a la luz de la luna.

Eres un ciprés, alta, delgada y fuerte, mirando siempre hacia arriba.

Cuidando los cementerios digo yo, siempre rodeada de muertos.

No puedo dejar de mirarle las cejas que se erizan cada vez más como las púas de un puercoespín.  No puedo dejar de oir el  reloj de kinder bueno que tiene en la pared,  tic tiac tic tac. No puedo dejar de mirar de reojo su ordenador donde tiene abierto un juego on line.

Pienso; “no te jode, Rita la bruja vietnamita es como la mujer oráculo de Matrix, en su cocina haciendo galletas.”

sopamiso

Antes de irme me dicta la receta de la sopa de miso que dice que debo tomar para calentar mi cuerpo por dentro.

Cortar el tofu  en dados de aproximadamente 1 cm.

Volver a colocar el caldo resultante en la cacerola, a fuego lento.

Verter una parte de caldo dashi en un cuenco aparte y disolver la pasta de miso. Poner suficiente caldo dashi como para que se diluya bien.

Añadir al caldo de la cacerola el alga wakame y cocer a fuego lento de 1 a 2 minutos, hasta que se hidrate y se expanda.

Una vez disuelto el miso, verter la mezcla nuevamente en la cacerola.

Añadir los dados de tofu y seguir calentando durante 1 minuto más.

Servir de inmediato, aderezando cada ración con finas rodajas de cebolla tierna espolvoreada por encima de la sopa (de la zona verde del tallo).